martes, 28 de febrero de 2017

El macho de verano.

Odio al machirulo de verano. Ese especímen no evolucionado que vive en una alzadura temporal pero constante, que no piensa en nada más que coger. Ese bicho en celo, de brazos dorados expuestos por musculosas a rayas y bermudas de surf (aunque no hagan surf), con sus caras lascivas, de púberes veinteañeros, cuyas vidas (por tres meses) gira en torno de mezclar fernet y coca. Son los mismos que hacen competencias por quién se "gana" a "la más linda" como si fuera una conquista, un trofeo. Y que cuando ella dice sí, ella es una puta. Es linda pero fácil. Esos que llenos de arena hasta los huevos, con hedor a chivo y mal aliento, se miran grandiosos y ríen victoriosos, con sus bigotes de cartón (que los hace más hippies!) Y sus barbas llenas de baba y tabaco, vienen a decirte QUÉ BUENA QUE ESTÁS. Como si fueras una cosa. Una de esas que intentan cogerse. Porque están alzados. Sí, se alzan con tu short blanco y tu musculosa de escote, pero lo más lindo es tu pelo. Sí, para agarrártelo cuando te haga chuparme la pija, puta. En el baño del camping o la playa, putita. Y voy a hacer un vídeo. Y mandárselo a mis amigos. El macho de verano es ese adefecio extraño que nace en diciembre y muere en marzo. Y es el mismo que en invierno, pero en verano.

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